Estáis ante un pequeño rincón que trata de ser literario, aunque a día de hoy sea difícil trazar la línea entre la basura y la literatura, es vuestro el deber de juzgar

jueves, 31 de marzo de 2011

Cosmos

Casi puede respirar su esencia, es una parte del aire, exhalando magnetismo por cada uno de sus poros, esos ojos oscuros que le miran como si se tratase del único. La melena que se mece con el movimiento de su dueña, un guiño más, y el olor de su colonia, el olor de su piel.

Cada vez que la mira es más suya, y con la confianza que da la desnudez, le acaricia el abdomen, es un tacto lúcido, un tacto también luminoso. Se mueve encima de él, la luz y las brasas de la chimenea al fondo de la habitación, la ropa tirada quién sabe cómo y dónde, pero lo único importante es que son uno, y ella es aparte.

No piensa en sus formas, no piensa en las aureolas que roza con un espasmo de placer, solo piensa en su mirada, en cada momento fija en él, en cada momento que pasa un poco más perdida en el infinito del puro goce.

Las estrellas se abren entre el crepitar de la chimenea, de los ojos de ELLA comienza a salir luz, iris y pupilas perdidos, los ojos en blanco y un cosmos alternativo que nace de su rostro, de su cuerpo desnudo, un mundo diferente, en el que lo terrenal no importa, y el deja de estar tumbado, se sienta y la abraza sin salir.

Están unidos en el Universo, y ni siquiera sabe su nombre, qué superficial estupidez, ahora es cuando le gustaría no haber contratado los servicios de esa mujer tan atractiva.

martes, 29 de marzo de 2011

Noche

¿Cómo sobrevivir con un mínimo de elegancia a la tortura del insomnio? Para Fran no es una pregunta fácil de responder, lleva ya horas entre el abatimiento y las ansias de ocupar esas horas no tan muertas en algo útil. Pero internet no le dice nada, las mismas mentiras, los mismo inventos, las mismas personas diciendo lo mismo que el día anterior y el anterior.

Prueba con algo de música pero la cabeza sigue doliéndole y sabe que no será capaz de dormir, no con la facilidad que l gustaría, siente que la cabeza le palpita, tal vez tenga un reloj de bolsillo incrustado en el córtex, eso, al menos, sería una explicación y conseguiría que dejase de darle vueltas al maldito tic-tac que no le deja dormir. El tiempo es traicionero.

domingo, 27 de marzo de 2011

¿Quién dijo existencial?

Clava la mirada en su piel,
siente cómo se engrandecen

carros en la noche,
cargados de hiel.

Si el blanco es día
me encuentro nocturno,

pues el camino es negro,
y tú lo transitas.

Estroboscópico suicida,
te perdiste entre calles

y por no recordar
ni recuerdas tu vida.

Calma la sed del alma
con versos plebeyos

y crónicas estériles
que a la piel se clavan.

Pues no es ahora,
ni nunca, momento de adioses,

una navaja suiza y a decidir,
que ya toca.

jueves, 24 de marzo de 2011

Cambiando de tercio

Tras una ausencia demasiado larga en este espacio vuelvo cambiando de tema, apartando por un momento eso que intento llamar literatura aunque me cueste. Porque en este momento están pasando cosas, y muy importantes, en el mundo, catástrofes de proporciones colosales, vease la debacle que la naturaleza está causando todavía en Japón, o sino la hipócrita participación en Libia de Occidente.

Es difícil interpretar como algo positivo la actuación política que se está llevando a cabo en cualquiera de los dos asuntos por parte de esos gobiernos democráticos que nos iluminan en Europa y Norteamérica. Empezaré hablando del asunto asíatico.

No comprendo cómo consiguen cambiar opiniones y políticas con tanta facilidad, nadie duda que la energía nuclear es un riesgo, asumible o no, pero una situación extrema como está no puede suponer nunca una base para actuar en circunstancias tan distintas a las japonesas como pueden ser las de España. La reacción ante un suceso dramático como este no es sino una muestra de la falta de criterio y de iniciativa de un gobierno que actua de forma reactiva.

El ejecutivo de un estado del primer mundo nunca debería reaccionar ante lo que ocurre, sino anticiparse a los acontecimientos, tomar decisiones meditadas y con sentido, el bloqueo sufrido en la investigación de energías renovables alternativas a la nuclear, por ejemplo en el ámbito de la automoción, es un ejemplo, ahora habrá muchos que se arrepientan de no haber planeado soluciones alternativas a una situación como la que se vive en el mundo de los combustibles fósiles.

Del mismo modo, las medidas de precaución en las centrales nucleares son necesarias, pero no lo son más porque en las antípodas todo haya quedado fuera de control, la única diferencia es que en este momento esas medidas parecen tener más sentido porque el efecto pánico sobre las masas es poderoso, pero el fondo sigue siendo el mismo, el debate no debería haber cambiado de contexto. ¿Queremos que nos ocurra lo mismo que a Japón? Pregunta estúpida, sobre todo teniendo en cuenta ue nuestra situación en el planeta Tierra es casi opuesta a la del país asiático.

Y de nuevo cambiando de tercio, qué decir de la participación de Occidente en Libia, guerra o no, creo que ese debate es intrascendente, lo importante del asunto es el momento en que la alianza hipócrita se ha lanzado a la defensa de unos rebeldes que llevaban ya tiempo siendo diezmados, perdiendo batallas y terreno contra un ejército que les supera con creces en poder militar. Nadie duda de la justicia de la causa rebelde, lo que debemos comprobar con el tiempo es si la intervención de nuestras democracias les ayuda a instaurar un gobierno que les acerque al progreso social y económico o si simplemente, tras conseguir expulsar a Gadafi del país (si lo consiguen), instauran un gobierno títere para hacer efectivos los intereses que en la zona existen. Intereses tanto geoestratégicos como relacionados con esos preciados combustibles fósiles que comenzamos a valorar.

Tal vez haya unas cuantas personas que debieran replantearse su praxis, ya no solo por su imagen pública, sino por la realización de un esquema político equilibrado que no se convierta en una olla a presión a punto de estallar, parece una cosa de broma que una y otra vez nos vendan la misma moto para robárnosla por la noche.

viernes, 18 de febrero de 2011

Capítulo 3: Filósofo de Café


“No es el tiempo presente un tiempo de artistas, posmodernismo, superficialidad, apatía, son el caldo de cultivo de una sociedad en proceso de descomposición. La importancia desaparece y solo trasciende un falso sentimiento de libertad meridiana. ''

Los ojos negros, oscuros hasta decir basta, miran el papel, los labios finos forman una sonrisa socarrona, un sentimiento de superioridad infinita se cierne sobre la mente deYuri. Es ruso, de origen revolucionario, descendiente de uno de los soldados de la Bahía de Kronstadt, su abuelo, anarquista acérrimo, no tuvo la posibilidad de enseñarle, en cambio si la tuvo su padre, heredero directo del ideario transgresivo del progenitor.
Disfruta escribiendo, es para él un placer como ningún otro, una forma de llegar a las raíces de los problemas de la humanidad. El papel delante, solo tres líneas y ya ha retratado la sociedad. Es un genio, piensa, pero un genio sin palabras, tal vez el orgullo el peor enemigo del literato. Casi siempre se da cuenta de que es un estúpido por creer que no lo es, pero en ese momento no lo piensa, solo siente orgullo por su obra inexistente, orgullo de pensar algo diferente aunque no lo lleve a la práctica. Las calles de Argenta son perfectas para reflexionar sobre la alienación, perfectas para darse cuenta de la podredumbre de una sociedad transformada si acaso en un chiste malo.

“Como si nos enfrentáramos a un ente abstracto creamos enemigos donde no los hay, golpeamos a nuestros vecinos por un pan que no es suyo ni nuestro, nos golpeamos y enemistamos por el simple placer de hacerlo, con ese acto de ignorancia, siguiendo la línea editorial de unas élites que lo único que desean de nosotros es que nos entretengamos, que no pensemos en la forma en que nos están chupando la sangre desde el minuto uno de nuestras vidas. ''

Se da cuenta Yuri de que ya llega el momento de desenfundar su arma secreta para dar rienda suelta a la inspiración, y mientras se enciende un cigarro, coge del bolsillo interior de su levita una petaca. En el interior, bebida de dioses, de dioses de la palabra y el pincel, absenta con agua y azúcar oscuro. Sustancia obsesiva, atrayente, liberadora. Es con ella con quien está casado el argénteo de origen soviético. No ruso, soviético, es de eso de lo que está más orgulloso en su vida. Para dar el primer trago debe apartar su melena descuidada de la cara, y entre los pelos de la negra barba fluye el líquido divino. No es la ambrosía sino un nombre hermoso con el que denominar al hada verde.
Dulce amargor el de su sueño hecho bebida, tose tras darle una larga calada a su cigarro, reluce en la oscuridad del café, y los demás clientes lo observan, no es apropiado llevar su propia bebida, aunque tenga un café pedido y pagado enfrente. Es maleducado, y ríe, ríe a carcajadas y lo observan con más fiereza. No es para él la vida de un humano corriente nada, un borrón en un Universo interminable, enorme y cargado de sucesos más importantes que la desaparición de un planeta. Yuri, filósofo engreído e ignorante.
Apura el café, como deseando que dejen de mirarlo mal, le incomoda la estupidez de los que creen en los convencionalismos sociales, él es un cliente como otro cualquiera, pero no le importa en absoluto disfrutar de sus productos entre los minutos en que se deja llebvar por el consumismo y va a un café. No tiene un lugar mejor en el que dedicarse a escribir. Hacerlo en su casa le parece un vacío en su existencia. No tiene tal cantidad de estímulos, el vestido blanco de la mujer del fondo, los ojos verdes detrás de las gafas de aquella águila de mirada severa. El camarero más cansado con la vida que con su trabajo. _Y todos ellos siendo rodeados por un oxígeno al que no le otorgan el valor que debieran. Termina el café y toma otro trago de su acompañante de metal, la petaca. Con el cigarro colgándole de la boca, continúa escribiendo sus reflexiones y aforismos, que, considera, serán adorados en la sociedad del futuro, sociedad de suprahombres. Ya lo predijera Nietzsche en sus obras de trágicas influencias.

“Cada día camino hacia mi trabajo, el mismo lugar, la misma gente, aquejados de distintos problemas que en cada momento consideran de una importancia dramática. Bastardos. No son conscientes de que de quitarles la importancia que inventan a esos problemas serían capaces de ver más allá, serían capaces de construir su mundo interior desde las cenizas y, tal vez, llegar a tener algún pensamiento realmente productivo. Aliens del razonamiento, siguen sin darse cuenta de que John Travolta no es más que un gran actor, sus problemas no son aquello con lo que cualquiera debería sentirse identificado. Son películas, no son vidas. Vive.''

No sin cierto orgullo esboza otra sonrisa socarrona, no sin cierta parsimonia va guardando su libreta en el bolsillo de su chaqueta, y no sin cierto descaro mira con desprecio a todos los que le rodean mientras se levanta. Lleva ya varias semanas acudiendo a ese local y no hace más que ver las mismas expresiones en distintas personas, para él seres de inferior categoría, no conocen lo que el conoce, no sienten ni piensan lo que él, y ni por asomo lo imaginan, para esas personas todo es nada. Si se diesen cuenta de que con sobrevivir deberían ser felices...el resto está en el interior, y no es la felicidad, es la autorrealización.
No sería Yuri, a sus treinta y tres años, capaz de explicarles el porqué de su estupidez eterna. Ni tiene ganas, en absoluto, no es necesario, mientras abre la puerta del café y se deja seducir por la brisa fresca de la noche, vuelve a la vida y se olvidaa de su superioridad sobre la mayoría. Si Charles, el simbolista, me viese, se avergonzaría, qué presuntuoso. El destino del creador, no ser consciente de que por ser dios sobre el papel no lo es en la vida real. Casi totalmente absorto en sus pensamientos, no se da cuenta de que alguien le persigue, entre las aceras de grises, un hombre, un chico más bien, le observa fijamente mientras esquiva sus ojos, no quiere ser descubierto y sigue el mismo trayecto que su soviético particular.
Se llama Julián, y tiene un motivo perfectamente claro para perseguir a ese Yuri. Lo conoce, tal vez mejor de lo que se conoce a sí mismo, ya que lleva mucho tiempo leyendo sus escritos en el papel de las servilletas del bar de Unamuno. Así se llama el local que más frecuenta en las noches de Argenta, un lugar tranquilo, silencioso, en que sirven vino y whisky de ínfima calidad y no se meten en tus asuntos. Cuando deja Yuri el local abandona siempre servilletas cargadas de su caligrafía vacilante. Es una muestra de afecto por sí mismo dejar atrás su legado, y es Julián el que lo aprovecha. Es allí donde leyó por primera vez el nombre que ahora lo corroe por dentro, el rey Kai.
Yuri continúa con su travesía, dirigiendo sin disimulo alguno su mirada a todo aquel con que secruza, consiguiendo en ocasiones una sonrisa torcida, en otras que sus víctimas aparten la mirada. Se permite juzgar a todo el mundo, es para él una práctica edificante, cree conocer a través de algo tan trivial el alma de las personas. Piensa que en una sola mirada se condensa una vida, y en esa condensación se nota el ser o no ser de cualquiera.
Entran en la zona vieja de Argenta, callejuelas empedradas, siempre en cuesta, cargadas por el día de familias con sus pequeños, recorriendo la ciudad del litoral gallego, y de noche de toxicómanos que no tienen un lugar mejor en que dejarse poseer por su amiga la heroína. Es la zona vieja, por lo tanto, un lugar en que transcurre la vida de demasiadas personas. Un lugar de violencia en ebullición, que con la llegada y formación de guetos como el de los gitanos o los sudamericanos se convierte lentamente en una barriada de absurdos. No sabe Julián a dónde se dirige Yuri, y no es seguirlo lo que desea, pero es necesario, ya que aún no tiene el valor de ir a hablar con él, lo admira desde meses atrás y aunque es cuestión de vida o muerte el asunto que debe tratar con él aún no sabe cómo plantearlo, tal vez le tome por un loco.
Tras serpenteos por calles de yonkis y putas, tras insinuaciones de robos y sexo como negocio, acaba entrando en otro local. No es un local conocido para Julián, y antes de seguir al soviético a su destino, se para a analizarlo desde fuera. Aparenta un bar normal, pero en cuanto se detiene a leer los carteles pegados al cristal, se da cuenta de que no es un lugar al uso. Se llama El Parlanchín, y es un lugar al que ciudadanos de diferentes países acuden para mantener conversaciones en el idioma que los interlocutores deseen, un lugar de habla y práctica de idiomas. Noi entiende el joven qué hace su posible salvador en un lugar como ese, pero ante la duda, es mejor tirarse a la piscina, así que sin demasiadas dudas atraviesa la puerta, está casi vacío, solo un hombre y una mujer hablando en la barra, parece que su idioma es el italiano, y suena algo como amo y cuore, romanticismo entre desconocidos.
Yuri se sienta en la barra, pide una cerveza, un poco de ambrosía enn su garganta, bebe sin pudor, conoce al camarero y sabe que no le dirá nada por consumir absenta, él también la aprecia, pero no la sirve debido a la normativa internacional al respecto. La consigue Yuri mediante la importación de un pueblecito en el Norte de Portugal. Para el revolucionario de pensamiento y no de actos es aquel un lugar fantástico en que pasar el tiempo, ya que o nadie le molesta o consigue practicar su lengua madre, desentrenada desde el fallecimiento de sus padres. Percibe entonces la entrada de un extraño, demasiado joven para lo habitual en El Parlanchín, aunque no le sorprende, de vez en cuando un adolescente con aspiraciones de ser culto atraviesa la puerta para salir vapuleado por el a través de la dialéctica. Es una tarea tan divertida como cualquier otra desencantar a los que no merecen la pena. Solo una vez había llegado a respetar a uno de aquellos chavales, y le había dado alguna recomendación para ponerse a escribir.
Julián se acerca entonces a su objetivo, envalentonado por el carácter del local, y le pregunta si le importa hablar en castellano, para dar facilidad a la expresión.
-No es casualidad que venga aquí a hablar contigo.
-Así que no es casualidad, eh, pues más te vale tener una razón de peso-el acento eslavo presente siempre cuando Yuri habla, hasta en sus pensamientos españoles.
-Mi razón de peso es el rey Kai, sé que forma parte de la imaginería de lo que escribes.
Eso si que es una sorpresa para el que nunca se sorprendía, el rey Kai, una figura que atrae a Yuri hasta la saciedad, no sabe por qué, pero un día al despertar de un vívido sueño, comenzara a escribir la historia de un Dios maldito, la historia de un ser sobrenatural que con sus designios condenaba a los más brillantes humanos, torturándolos con la incertidubre, con la repetición de sus actos, con la rutina más feroz. Desde aquel amanecer, había sido una constante en sus obras, el rey, Kai, rey de la muerte.
-Acabas de intrigarme, continúa.
-No quiero hablarte de tus escritos, que me encantan, sino sobre dónde nació esa idea, ¿de qué conoces al rey Kai?- la pregunta salió del jove con tal desesperación que se da cuenta Yyuri de la gravedad del asunto.
Le explica con calma cada detalle de aquella mañana en que el ente viniese a su pluma como si se tratase de acero ante un imán. Desde entonces es algo más consciente, pero en su origen, un flechazo en el lóbulo temporal y un trazo en el folio ante él, y el rey Kai había nacido. La mirada de decepción de su interlocutor al darse cuenta de que no tenía una base real es manifiesta, y es entonces cuando Julián hace su jugada.
-El rey Kai existe, no es parte solo de tu simbología, es un ser real, y me temo que tanto yo como aquella a la que amo más que a nada estamos amenazados por él.
No podía esperar el joven una reacción como la que siguió a sus palabras, la carcajada casi desencajada de Yuri fue un insulto para él. La falta de respeto hizo que, de repente, quisiese golpear al que tanto había admirado.
-Tu problema no es el rey Kai entonces, tu problema es la falta de medicación. En vez de preocuparte por seres literarios tal vez deberías preocuparte por aquello que representan, el estado, la alienación, el sueño eterno en el que está sumida la sociedad.
-Eres un ignorante, y un imbécil.- Julián empezaba a estar realmente enfadado, y tentado de hacer algo de lo que después podría arrepentirse.
-De acuerdo, supongamos que existe, si existe es demasiado para abarcarlo unos simples humanos, con qué objetivo vendría a mi, yo no puedo ayudaros.
-Si escribiste sobre él tal vez tengas alguna información, algo que nos podría ofrecer una oportunidad, un conocimiento de sus debilidades, o de su piedad, pero veo que pierdo el tiempo, no sé por qué criticas tanto a la sociedad en lo que escribes, si te comportas como uno más, reirte de los que te rodean no te convierte en su superior, solo te hace ridículo.
Yuri se lanza sobre Juliá, derribándolo de la silla en la que se encontraba. No hay peor insulto que llamar común al que no se lo cree, la normalidad insulta a los que la consideran un defecto. Una vez en el suelo, golpea con fuerza la mejilla de su oponente, que se revuelve como puede, y consigue desembarazarse de la presa. Tras levantarse, toma una decisión drástica.
-¿No me crees? Pues lee esto, y arrepiéntete, no creo que te guste lo que sueñes hoy después de leerlo.
Saca un pergamino arrugado de su chaqueta y se lo ofrece a un Yuri jadeante y sonrojado, su amigo le mira desde detrás de la barra con aprensión. Acaba de cagarla, a base de bien.
-Lo siento, Simón-dice, mientras recoge las sillas, ambas en el suelo-, y tú, dame eso.
Recoge el pergamino. Y mientras se marcha, Julián le informa de que al día siguiente a la misma hora, se encontrarán en el mismo lugar, si es que ya otorga credibilidad a su historia, sino, feliz condena.
-Ya estamos condenados, solo mira a tu alrededor-Yuri vuelve a centrarse en su cerveza y su petaca, cabizbajo.

sábado, 22 de enero de 2011

Capítulo 2: Los acólitos del rey Kai

Son los años 30, la absenta corre por las gargantas de los parisinos, aún no han nacido los dioses de la muerte del rey Kai, pero sus predecesores se emborrachan con pasión, se emborrachan sin darse cuenta de que dejan pasar los minutos de una vida regalada por el algo. Pero emborrachándose con absenta son capaces de darse cuenta de asuntos maravillosos, el hada verde es capaz de revelar la verdad, y convertir en arte ser un dios de la muerte, convertir en arte ser un dios creador sin talento.
Y no son pocos en el arrabal de París los que se consideran dioses creadores sin talento, por eso sus muchas calles son como un viaje guiado por la inmundicia del ego roto y marchitado.
Un escenario distinto para una historia distinta y mucho más dramática. La historia del hombre rubio que camina entre humo verde. La historia del hombre de ojos azules que siente aún la pérdida del pasado en sus carnes. Lleva ya horas enteras buscando una galería que no parece existir. Allí debería encontrarse la única persona en el mundo que puede ayudarle, aunque ni él mismo sabe cómo, lo que las ánimas se llevan con ellas debe quedarse, y debería ser lo mismo en ese caso, pero no si él lo puede evitar.
Es difícil agarrar a los que amas cuando es la mano del destino la que trata de llevárselos con inmenso afán destructivo. En la gran ciudad gallega por excelencia, en Argenta, las leyendas de la Santa Compaña son numerosas, y tal vez no tienen un fondo tan irreal como los escépticos jurarían.
-Disculpe, caballero.
Le habla el rubio de ojos azules a quien no debería, lleva levita ese desconocido, y también chalina, un cuaderno y pluma, parece escribir sobre la belleza de la inmundicia, y en realidad no hace más que cuentas de los botines robados a idiotas imprudentes. La noche parisina es peligrosa, más si hablas a quien no debes sin saberlo. Sonrisa de oro y no por bonita, sino por valiosa, mezquina mirada y nariz de águila entre las águilas.
-Dígame, amable joven...
Queda en el aire la conversación, de repente el rubio se da cuenta de que no es tal elegante escritor aquel con el que habla, de que su alma es en realidad mezquina, se da cuenta, pues, de que tal vez se mete en una situación complicada. Mira a un lado y a otro con la esperanza de encontrar una vía de escape, como un dios de la huida en este mundo de deidades venidas a menos. Se comporta como si no pudiese llegar a hacerlo, casi resignado, y de repente actúan los dos. El más rápido y con menos escrúpulos ganará.
Héroe de leyenda y con escrúpulos, el hombre de ojos azules consigue golpear con su puño derecho el rostro del oponente, pero mientras tanto, la sonrisa dorada tiene un filo en su palma. Juega con él, como si el golpe no doliese, juega y sonría con brillos áureos. Pero al hombre rubio no le interesa lo áureo, sino lo argénteo, eso es lo que importa de verdad, sus amigos argénteos.
Sabe que debe sobrevivir sabe que debe sobrevivir, carrera, tropieza, luz en el suelo, filo volando, roza la oreja y llega a la esquina, gira y está casi a salvo, delante una galería y detrás gritos, odio e impotencia, lucha maniquea por llegar a una salvación o no dar opción a nadie a llegar a ella. Lo que tiene delante es la galería que buscaba, la Des Chances.
En teoría en su interior debería descubrir un dato fundamental e inesperado sobre su búsqueda. Es un lugar de ritos sin nombre, por lo que le dijeron, un lugar en que las cosas más repugnantes y asombrosas pueden ocurrir. La magia en el mundo existe, pero no como algo atemporal, la magia es secular e irreversible, recuerden la irreversibilidad de la magia, pues si alguien la utiliza en ustedes, ya no habrá salvación.
Las paredes a los lados de piedra enmohecida, y al frente unas escaleras descendentes, brillo carmesí como si se tratase del infierno no de Dante, aunque si con espectáculos dantescos. Encima del camino, una señal acongojante, una señal de letras rojas y negras que más parecía el anuncio de algún ser diablesco y maligno que del único medio de salvación del alma de los viejos compañeros de fatigas.
Entra corriendo el heroico escapista, y quién le perseguía con la mirada colmada de odio queda fuera, como si el mal de ese camino descendente fuese demasiado con lo que lidiar, siendo solo un esbirro de la maleficencia. Decepción en el rostro y rabia en los puños cerrados sobre la navaja, gotas de sangre desparramándose por el suelo, su sangre, que parece ácido y casi deshace los adoquines bajo sus pies.
Y como si caminase entre llamas baja escalón por escalón el representante del bien en esta empresa, atraviesa lo que podría ser la oscura guarida de un dragón, hay, de hecho, una dama en apuros, y otro caballero, pero no están custodiados por el dragón, sino que es este el que guarda la fórmula secreta gracias a la cual poder salvarlos.
Baja y baja, sumiéndose en las dudas, tal vez esas escaleras no tengan un final, es como si hubiese estado una década buscando algo que ni siquiera existe. Y la solución aparece ante él. Un rellano. Es como un tablero de ajedrez, marfil y carbón unidos, el suelo brilla, pero cuando llega se da cuenta de que brilla de forma siniestra y no majestuosa. Hay antorchas en las paredes de piedra irregular, como si un rico mecenas hubiese gastado el presupuesto al montar el suelo y el resto quedase en nada.
Como si de un vestíbulo gigantesco se tratara lo atravesó el hombre de lado a lado. Al fondo solo una puerta, cerrada, de madera vieja y carcomida. Parece que se va a deshacer al contacto, y también parece la entrada a algún tipo de oráculo ancestral. Es una estampa digna de la antigua Grecia, y nada amedrenta al caballero.
Echa la mano a la puerta y la abre, apenas pesa pero si cruje intensamente y se mueve con lentitud. Se desvela una estancia de misticismo. En el centro una hoguera de fuego negro que no despide humo, las paredes plagadas de grabados con figuras inconcebibles. Mantas a los lados, por el suelo, sin orden ni sentido, y en frente de la puerta la figura diminuta de una anciana arrugada, oculta casi totalmente por una túnica de muchos colores.
-Te esperaba, Caín-solo se veía su boca, pequeña y deformada, bajo la capucha de la túnica.
-No me llamo Caín, me llamo Héctor.
Y se ríe la anciana, con gesto mefistofélico, conocedora de las palabras exactas que decir para encandilar a ese Héctor que poco tiene que ver con el troyano homónimo.
-Disculpa que te llame de ese modo, pero te asemejas a él...si él fue el teórico primer asesino, tú eres el primero que escapa, gracias al sacrificio de sus amigos, de las largas cadenas del rey Kai. Eres el primero en hacer algo vil, el primero, espero, de pocos, pero te arrepientes y buscas una solución, ¿no es cierto, Héctor?
-Así es...no pude hacer nada, me quedé totalmente paralizado cuando todo aquello ocurrió, y al no saber reaccionar solo conseguí que mis amigos quedasen atrapados entre esa especie de ejército fantasmal.
-Tranquilo, ellos no sufren, simplemente...son por la etenidad prisioneros de sus más importantes recuerdos, ¿se amaban?
-Totalmente...
Una cara de profundo dolor se marca en Héctor, que parece no poder aceptar algo en el hecho de que los amigos perdidos se amasen. El brillo de los celos pasa por sus ojos de forma fugaz y desaparece con la llegada de la tristeza.
-Probablemente se estén conociendo una vez y otra, atrapados en lo que más importante les parece, ellos mismos. No es exactamente un castigo terrible, pero merecen una liberación, nunca podrán ser libres de verdad si siguen vagando por el mundo como espíritus omnisapientes e ignorantes...
-Por favor, tiene que haber alguna forma de liberarlos...ni siquiera sé si lo que ocurrió aquella noche fue de verdad.
-Ocurrió de verdad, no lo dudes, pero tiene solución, como todo en esta vida...es complicado, pero...¿estás dispuesto a todo por conseguir la salvación de sus almas?, ¿darías tu vida porque ellos consigan pasar al otro lado?
-No lo dudaría ni por un instante.
-Estaba preparada para escuchar esas palabras.
En ese mismo instante, la anciana se desembaraza de la túnica con un rápido movimiento, debajo guarda en la mano un puñal. Puñal ancestral de origen azteca, con la punta curvada de forma ondeante, dorada; puñal que atraviesa a Héctor la garganta. Siente él cómo la vida se le escapa, y se siente ridículo, fue engañado, consiguió escapar del peligro de las calles de París, de su arrabal, para caer víctima de una anciana en el lugar que buscaba. Su vida se escapa a grandes pasos, y no parece que haya solución posible.
Los ojos se cierran poco a poco y la consciencia, la conciencia, desaparecen, se da cuenta de que tal vez dedicó su vida a una búsqueda estúpida, una búsqueda en cierto modo hipócrita, los buscaba porque tenía que buscarlos, pero se pregunta al morir si realmente desea buscarlos, si merece la pena morir por ellos...por desgracia para él, la respuesta es sí.
Y despierta de nuevo.

Clase de canto

La guía de augurios vocales les comunica que no lo están haciendo bien, son un coro cutre, les dice, un coro que nunca alcanzará la armonía, y no le importa, porque, según sus palabras, tienen alma y sentimiento, y dejarían en pañales a los mismísimos miembros de la sinfónica de Ginebra.